Esta ciudad
jamás perecerá inundada.
Profundos caños drenan:
auras negras de obscenas miradas
y la hostilidad del tiempo llueve sus palabras
en precipitaciones de fango.
Los periplos de agua dulce
refrescan y limpian
las empinadas calles de nuestras almas.
Esta ciudad
empalma con mi esencia.
Drenan sus suburbios
por la punta quebradiza de este lápiz.
Urbes Infinitas
La poesía por Andrea Álvarez
sábado, 18 de septiembre de 2010
Urbes Infinitas
- ¿Te ha sucedido alguna vez ver una ciudad que se parezca a ésta? –
/Italo Calvino/
I
La procesión va por dentro
árbol de copas caídas, sin verdor.
Aquel hombre sin abriles, sin cabellos
arqueado al conjuro de los años, seco.
Vigías de las ciudades y sus humaredas.
Derramada savia del fruto ausente
en la corteza del recuerdo, adentro.
Mis raíces se enredan en sus corpúsculos de asfalto
viajan en sus hojas
al febril vaivén del pensamiento.
Inciden las vertientes,
cruces en que transmigran mis urbes
opacas y sin tiempo.
II
Me adentro en sus pupilas de argamasa,
por sus venas de sombras y luces amarillas.
Las luces ilustradas de las calles.
Sus faros nos aglutinan sobre sus rieles
como estación del metro,
suma de nuestros pasos, pienso:
Los que suben, los que bajan
y los que vamos quedando
en la cuenta inmaculada del calvario.
III
Desde éste pináculo de maquetas
mis urbes y sus mamposterías
tienen el diseño intacto y negligente
de un arquitecto de facto.
Las mismas soledades se repiten.
Idénticas sus casas aniñadas
con rictus de pobrezas en las manos.
Sus causes con más calles, con más carros, nos llevan
a ningún lado.
Mi ciudad es suma de vidas,
con sus luces, con sus huellas, nuestros pasos.
Un transeúnte más por las sendas intestinas del ocaso.
/Italo Calvino/
I
La procesión va por dentro
árbol de copas caídas, sin verdor.
Aquel hombre sin abriles, sin cabellos
arqueado al conjuro de los años, seco.
Vigías de las ciudades y sus humaredas.
Derramada savia del fruto ausente
en la corteza del recuerdo, adentro.
Mis raíces se enredan en sus corpúsculos de asfalto
viajan en sus hojas
al febril vaivén del pensamiento.
Inciden las vertientes,
cruces en que transmigran mis urbes
opacas y sin tiempo.
II
Me adentro en sus pupilas de argamasa,
por sus venas de sombras y luces amarillas.
Las luces ilustradas de las calles.
Sus faros nos aglutinan sobre sus rieles
como estación del metro,
suma de nuestros pasos, pienso:
Los que suben, los que bajan
y los que vamos quedando
en la cuenta inmaculada del calvario.
III
Desde éste pináculo de maquetas
mis urbes y sus mamposterías
tienen el diseño intacto y negligente
de un arquitecto de facto.
Las mismas soledades se repiten.
Idénticas sus casas aniñadas
con rictus de pobrezas en las manos.
Sus causes con más calles, con más carros, nos llevan
a ningún lado.
Mi ciudad es suma de vidas,
con sus luces, con sus huellas, nuestros pasos.
Un transeúnte más por las sendas intestinas del ocaso.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)